Cuando analizo la utilización que se está dando hoy en día a la música en la mayoría de las aplicaciones, no puedo dejar de encontrar similitudes con los inicios del uso de la misma en el cine.
En la mayoría de los casos, la música parece haber sido puesta "porque algo hay que poner" y no son pocas las ocasiones en las que las personas o blogs que se dedican a analizar y opinar sobre las aplicaciones, dejan en evidencia este hecho al comentar que rápidamente buscan la opción de silenciar la música, en lugar de poder disfrutar de ella como parte de la experiencia interactiva.
Cierto es que las nuevas generaciones son más visuales a la hora de consumir contenido y que toda inversión realizada en el desarrollo de la imagen hace que cuanto más espectacular este resulte más se valore dicha inversión.
Pero, en el caso de la música y los efectos de sonido, cuanto más integrados estén al desarrollo visual (y por tanto menos llamen la atención), más aportarán a la experiencia de inmersión. Y a veces, este efecto se consigue "simplemente" con una pequeña y sutil sintonía o un efecto, sonoro o musical, puesto en el momento justo, sin necesidad de emplear colchones musicales puestos muchas veces en loops interminables, que nada tienen que ver con lo que sucede en la acción visual, por tanto carentes de toda sincronización.
Así como en lo que respecta a técnicas de animación la exageración es necesaria para lograr verosimilitud en los movimientos, en la música y los efectos de sonido la sutileza en la elección de los instrumentos, las melodías y los tiempos forman parte de este conjunto de decisiones a tomar, a la hora de aportar verosimilitud por parte del componente sonoro.
Por supuesto, estas decisiones también estarán ligadas al tipo de producto interactivo que se quiera desarrollar. No será lo mismo trabajar sobre un videojuego que con un ebook interactivo basado en el desarrollo de una historia lineal. Tampoco será lo mismo si existe una locución grabada o si la idea es ofrecer un ambiente sonoro que acompañe al lector o lectora de un ebook, cada cual con su propio ritmo de lectura.
Al final, todo dependerá de las experiencia audiovisual que quieras ofrecer a través de tu aplicación. La forma en la que el usuario o usuaria de la misma conecte emocionalmente con su contenido hará que su experiencia de uso sea, o no, placentera y recomendable.
Por esto, lo primero que siempre deberás definir es:
¿qué experiencia audiovisual quiero ofrecer a través de mi aplicación?
Como inspiración para tu definición, al menos en lo que a música refiere, comparto contigo un vídeo en el que se comenta, a grandes rasgos, el uso de la música en el cine y primeros dibujos animados. Seguro que te dará algunas ideas de cómo emplear este gran recurso sonoro en tu actual y futuras producciones.
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